ESCRIBIR
PARA LA EMPRESA,
La Tabla de Redactar (cinco técnicas para conseguir
eficacia)
de los profesores Calvo y del Brío
1. ICONO DEL TIRANO
Santa Fe
de Tierra Firme -arenales, pitas, manglares, chumberas-
en las cartas antiguas, Punta de las Serpientes.
Sobre una loma, entre granados y palmas, mirando al vasto
mar y al sol poniente, encendía los azulejos de
sus redondas cúpulas coloniales San Martín
de los Mostenses. En el campanario sin campanas levantaba
el brillo de su bayoneta un centinela. San Martín
de los Mostenses, aquel desmantelado convento de donde
una lejana revolución había expulsado a
los frailes, era por mudanzas del tiempo Cuartel del Presidente
Don Santos Banderas. Tirano Banderas.
El Generalito acababa de llegar con algunos batallones
de indios, después de haber fusilado a los insurrectos
de Zamalpoa: Inmóvil y taciturno, agaritado de
perfil en una remota ventana, atento al relevo de guardias
en la campa barcina del convento, parece una calavera
con antiparras negras y corbatín de clérigo.
(Primera parte, libro primero, pág.15)
La ciudad se encendía de reflejos sobre la marina
esmeralda. La brisa era fragante, plena de azahares y
tamarindos. En el cielo, remoto y desierto, subían
globos de verbena, con cauda de luces. Santa Fe celebraba
sus ferias otoñales, tradición que venía
del tiempo de los virreyes españoles. (...)
La ciudad, pueril ajedrezado de blancas y rosadas azoteas,
tenia una luminosa palpitación, acastillada en
la curva del Puerto. La marina era llena de cabrilleos,
y en la desolación azul, toda azul, de la tarde,
encendían su roja llamarada las cornetas de los
cuarteles. (pág. 21)
Luminoso bullicio de pregones, guitarros, faroles y gallardetes.
Santa Fe se regocijaba con un vértigo encendido,
con una calentura de luz y tinieblas. El aguardiente y
el falcón del indio, la baraja y el baile lleno
de lujurias, encadenaban una sucesión de imágenes
violentas y tumultuosas. Sentíase la oscura y desolada
palpitación de la vida sobre la fosa abierta. Santa
Fe, con una furia trágica y devoradora del tiempo,
escapaba del terrorífico sopor cotidiano, con el
grito de sus ferias, tumultuoso como un grito bélico.
En la lumbrada del ocaso, sobre la loma de granados y
palmas, encendía los azulejos de sus redondas cúpulas
coloniales San Martín de los Mostenses. (Libro
segundo, pág.26)
Comentarios
Los tres primeros párrafos acercan al protagonista:
la ciudad, el convento, la ventana. Santa Fe, en oración
nominal con los trazos impresionistas de cuatro sustantivos.
San Martín de los Mostenses, llameante por sus
azulejos. La remota ventana y el perfil del Tirano.
La ciudad, una y otra vez, se describe en fiesta demencial.
Adornos, músicas, bailes, calenturas de luz y tinieblas,
palpitación de vida sobre la fosa abierta, ante
el vigía de la ventana y el campanario militar.
Todo son sustantivos, nombres que nos traen las cosas
como son.
Vocabulario
manglares: terrenos inundados por las mareas
barcina: cetrino, oscuro, negro y rojo
cauda: falda, cola
falcón: cañón antiguo, fuerte bebida
indígena
lumbrada: lumbre grande
2. GUIÑOL
DRAMÁTICO
¡Fue
como truco de melodrama! El Coronelito, en el instante de
pisar la calle, ha visto los fusiles de una patrulla por
el Arquillo de las Portuguesas. El Mayor del Valle viene
a prenderle. El peligro le da un alerta violento en el pecho:
pronto y advertido, se aplasta en tierra y a gatas cruza
la calle: por la puerta que entreabre un indio medio desnudo,
lleno el pecho de escapularios, ya se mete. Veguillas le
sigue en un círculo de fatalidades absurdas: el Coronelito,
acarrerado escalera arriba, se curva como el jinete sobre
la montura. Nachito, que hocica sobre los escalones, recibe
en la frente el resplandor de las espuelas. Bajo la claraboya
del sotabanco, en la primera puerta, está pulsando
el Coronelito. Abre una mucama que tiene la escoba: en un
traspiés, espantada y aspada, ve a los dos fugitivos
meterse por el corredor: prorrumpe en gritos, pero las luces
de un puñal que ciega los ojos, la lengua le enfrenan.
Al final del corredor está la recámara
de un estudiante. El joven, pálido de lecturas,
que medita sobre los libros abiertos, de codos en la mesa.
Humea la lámpara. La ventana está abierta
sobre la última estrella. El Coronelito, al entrar,
pregunta y señala:
- ¿A dónde cae?
El estudiante vuelve a la ventana su perfil lívido
de sorpresa dramática. El Coronelito, sin esperar
otra respuesta, salta sobre el alféizar, y grita
con humor travieso:
- ¡Ándele, pendejo!
Nachito se consterna:
- ¡Su madre!
- ¡Jip!
El Coronelito, con una brama, echa el cuerpo fuera. Va
por el aire. Cae en un tejadillo. Quiebra muchas tejas.
Escapa gateando. A Nachito, que asoma timorato la alcuza
llorona, se le arruga completamente la cara:
- ¡Hay que ser gato!
(Tercera parte, libro tercero)
Comentarios al estilo narrativo
Una persecución es el ápice de la aventura
narrada. Los verbos se suceden rápidos, en presentes
de inmediatez. Apenas transiciones temporales (en el instante,
pronto, ya) porque no hay tiempo sino para la acción
seguida. Casi se adelanta un verbo a otro: ha visto, viene,
pronto se aplasta, ya se mete. Acarrerado escalera arriba
se curva... y en la primera puerta está pulsando.
Abre, prorrumpe, se frena la mucama. El Coronelito pregunta
y señala, echa el cuerpo fuera, va por el aire,
cae, quiebra, escapa.
Los elementos descriptivos (acumulados en la narración)
se orientan a los otros personajes: el indio medio desnudo,
lleno de escapularios; Nachito Veguillas hocicando en
la escalera, el resplandor de las espuelas en su frente;
asomando su alcuza llorona y cara arrugada por la ventana;
la mucama con la escoba, las luces de un puñal
que ciega sus ojos; el estudiante acodado ante sus libros;
y la ventana, abierta sobre la última estrella.
Vocabulario
sotabanco: ático
alcuza: jarrillo para el aceite; aquí, posiblemente,
la nariz.
3.
CUARZOS IBÉRICOS
Don Teodosio
movía la cabeza, recomido de suspicacias:
- Ustedes no controlan la inquietud que han llevado al
indio del campo las predicaciones de esos perturbados.
El indio es naturalmente ruin, jamás agradece los
beneficios del patrón, aparenta humildad y está
afilando el cuchillo: Sólo anda derecho con el
rebenque: Es más flojo, trabaja menos y se emborracha
más que el negro antillano. Yo he tenido negros,
y les garanto la superioridad del moreno sobre el indio
de estas Repúblicas del Mar Pacifico.
Dictaminó Míster Contum, con humorismo
fúnebre:
- Si el indio no ser tan flojo, no vivir mucho demasiado
seguros los cueros blancos en este paraíso de Punta
de Serpientes.
Abanicándose con el jipi, asentía Don Celes:
- ¡Indudable! Pero en ese postulado se contiene
que el indio no es apto para las funciones públicas.
Don Teodosio se apasionaba:
- Flojo y alcoholizado, necesita del fustazo del blanco,
que le haga trabajar y servir a los fines de la sociedad.
Tornó el yanqui de los negocios mineros:
- Míster Araco, si puede estar una preocupación
el peligro amarillo, ser en estas Repúblicas.
Don Celes infló la botarga patriótica,
haciendo sonar todos los dijes de la gran cadena que,
tendida de bolsillo a bolsillo, le ceñía
la panza:
- Estas Repúblicas, para no desviarse de la ruta
civilizadora, volverán los ojos a la Madre Patria.
¡Allí refulgen los históricos destinos
de veinte naciones!
Míster Contum alargó, con gesto desdeñoso,
su magro perfil de loro rubio:
- Si el criollaje perdura como dirigente, lo deberá
a los barcos y a los cañones de Norteamérica.
El yanqui entornaba un ojo, mirándose la curva
de la nariz. Y la pelazón de indios seguía
gritando en torno de las farolas que anunciaban el mitin:
- ¡Muera el Tío Sam!
- ¡Mueran los gachupines!
- ¡Muera el gringo chingado!
(Segunda parte, libro primero)
Comentarios al estilo de ideas o explicativo
Recursos:
El presente de las esencias: "es naturalmente, jamás
agradece". Míster Cotum, va más allá
y emplea el infinitivo.
Los argumentos: al inductivo ("he tenido indios...
yo les garanto") sigue el deductivo: "en ese
postulado se contiene..."
Las comparaciones y oposiciones: "trabaja menos
que el negro", "aparenta docilidad y está
afilando el cuchillo".
La ironía (bien en boca del foráneo): la
flojedad del indio asegurar a los cueros blancos en el
paraíso de las Serpientes.
La réplica: La pelazón de los indios sabe
replicar contundente a la Madre Patria y a los cañones
USA.
Vocabulario
rebenque: látigo
botarga: calzón ancho
pelazón: pelaje (despectivo)
gachupines: mote del español que se establece en
América septentrional.
LA
MUECA VERDE
(...) De
aquellas campañas veníale la costumbre de
rumiar la coca, por donde en la comisura de los labios tenía
siempre una salivilla de verde veneno. (10, 11, pág.
15)
La momia taciturna con la verde salivilla en el canto
de los labios.(pág. 17)
Hablaba meciendo la cabeza de pergamino. La mirada, un
misterio tras las verdosas antiparras. (pág. 18)
Pausado y prolijo, rumiando la coca, hacía sus
tiradas, y en los yerros, su boca rasgábase toda
verde, con una mueca. (10, 31, pág. 27)
En la barbilla, un temblor; en la boca verdosa, un gesto
ambiguo de risa, mofa y vinagre. (pág. 29)
La momia indiana todavía le detuvo, exprimiendo
su verde mueca.(pág. 31)
Advertido del peligro, extremaba su mueca verde Tirano
Banderas. (Epílogo, pág. 155)
Se quitó el cinto de las pistolas, y salivando
venenosos verdes, se entregó. (pág. 157)
Comentarios
En las descripciones que Valle Inclán hace del
protagonista deja ver su poco aprecio por el Tirano. No
se refiere a él en ninguna ocasión sin que
le retrate por uno o varios de estos rasgos:
El color con el que le pinta es el verde (17 veces),
color de una salivilla (3) venenosa (4), avinagrada (6)
que aparece en su mueca (18) de perverso humorismo mientras
rumia hojas de coca. Llega a llamarle la mueca verde,
expresión que pone de título a la Séptima
Parte del libro:
La rueda de compadres y valedores rodeaba el catalejo
y la escalerilla astrológica con la mueca verde
encaramada en el pináculo (70, 31, pág.
147). La mueca verde mordía la herrumbre del silencio
(pág. 152).
Le sitúa agaritado en las altas ventanas del viejo
convento (9), como corneja sagrada, garabato de lechuzo,
rata fisgona, pájaro nocharniego, serpiente del
Génesis, raposo y clerical, aventado de murciélagos.
Pero es la rana, verde, amplia mueca por pómulos
y boca, gruesas antiparras, su imagen, juego y sonido
preferidos, (chac, chac!, cuando departe con sus ayudantes
lagartijeros.
Vivencias no reprimidas, decididamente expresadas, de
forma esperpéntica, en la descripción del
personaje.
RECREOS
DEL TIRANO
- Amigo
Don Roque, la independencia nacional corre un momento de
peligro, asaltada por todas las codicias extranjeras. (...)
La Diplomacia tiene sus agencias de difamación, y
hoy las emplea contra la República de Santa Fe. El
caucho, las minas, el petróleo, despiertan las codicias
del yanqui y del europeo. Preveo horas de suprema angustia
para todos los espíritus patriotas. Acaso nos amenaza
una intervención militar, y a fin de proponer a usted
una tregua solicitaba su audiencia. (...)
Deseo la pacificación del país y le brindo
[unas elecciones libres y el indulto]. Santos Banderas
no es el ambicioso vulgar que motejan en los círculos
disidentes. Yo sólo amo el bien de la República.
El día más feliz de mi vida será
aquel en que, oscurecido, vuelva a mi predio, como Cincinato.
En suma, usted, sus amigos, recobran la libertad, el
pleno ejercicio de sus derechos civiles: pero usted, hombre
leal, espíritu patriota, trabajará por derivar
la revolución a los cauces de la legalidad. Entonces,
si en la lucha el pueblo le otorga sus sufragios, yo seré
el primero en acatar la voluntad soberana de la Nación.
Don Roque, admiro su ideal humanitario y siento el acíbar
de no poder compartir tan consolador optimismo. (Es mi
tragedia de gobernante!
Usted, criollo de la mejor prosapia, reniega del criollismo.
Yo, en cambio, indio por las cuatro ramas, descreo de
las virtudes y capacidades de mi raza. Usted se me representa
como un iluminado, su fe en los destinos de la familia
indígena me rememora al Padre Las Casas. Quiere
usted aventar las sombras que han echado sobre el alma
del indio trescientos años del régimen colonial.
¡Admirable propósito! Que usted lo consiga
es el mayor deseo de Santos Banderas.
Don Roque, pasadas las actuales circunstancias, vénzame,
aniquíleme, muéstreme con una victoria -que
seré el primero en celebrar- todas las dormidas
potencialidades de mi raza. Su triunfo, apartada mi derrota
ocasional, sería el triunfo de la gravitación
permanente del indio en los destinos de la Historia Patria.
Don Roque, active su propaganda, logre el milagro, dentro
de las leyes, y crea que seré el primero en celebrarlo.
Don Roque, le agradezco que me haya escuchado y le ruego
que me puntualice sus objeciones con toda la franqueza.
No quiero que ahora se comprometa con una palabra que
acaso luego no pudiera cumplir. Consulte a los conspicuos
de su facción y ofrézcales el ramo de oliva
en nombre de Santos Banderas. (Séptima parte, libro
primero)
Comentarios
Valle Inclán se despoja por un momento de la profunda
antipatía con que suele presentar a su protagonista
y escribe un discurso político de altura. Las buenas
palabras del Tirano hacen aún más repulsiva
su posición dominante: quiere pasar por vir bonus,
salvador de sus enemigos, víctima de la propia
honradez y responsabilidad.
Organiza las ideas, modestas para sí y halagadoras
para el destinatario, en el mejor género oratorio,
definido por Sócrates como "el arte de la
lisonja".
Guión del discurso apelativo
Exordio:
Le expongo el peligro común, que nos lleva a una
tregua.
Promesa inicial: Ofrezco la amnistía y unas elecciones
libres.
Captación: No soy ambicioso ni vulgar, deseo el
retiro del humanista.
Idea central: Un combate legal.
Su lealtad lo asegura. Mi deseo también. Como
gobernante responsable no puedo compartir su optimismo.
Si triunfa, cuente con mi acatamiento.
Gradación: No sólo acatamiento: con mi
admiración y reconocimiento de indio a un nuevo
Padre Las Casas: mi pueblo gravitaría en la Historia
Patria, gracias a un criollo iluminado.
Salida: Agradezco que me haya escuchado. Puntualice sus
objeciones. Ahora no se comprometa. Lleve a los suyos
esta ofrenda de paz.
Vocabulario
predio: heredad, hacienda, tierra o posesión inmutable