Breve gran historia en siglas, en el siglo que fue, de
las Relaciones Laborales
La
R.I. (la Revolución Industrial o las Relaciones Inhumanas)
La empresa
y el trabajo no existieron siempre como hoy se nos presentan.
La revolución industrial (la R.I., la R. de las ínfimas
relaciones) introdujo a finales del pasado siglo un tipo
de trabajo sometido a la Máquina, hasta ese momento
inexistente. Fue la marmita revoltosa sobre el fuego la
que revolucionó el paisaje del trabajo y de las relaciones
humanas.
Desde que el hombre es hambre, y lobo, unos a otros se
habían sometido violentamente, habían hecho
presa, botín, impuestos o tributo de los frutos
del huerto ajeno, incluso se habían puesto grillos
a la libertad personal. Pero cada hombre trabajaba de
forma personal, aunque silbara el látigo sobre
las cabezas. Se daba una relación, de vencedor
y sometido, de señor y siervo de la tierra, de
dueño y esclavo.
Vinieron los maestros gremiales a bloquear o autorizar,
a su conveniencia, el trabajo de oficiales y aprendices.
Dictaron las normas del trabajo, pero dejaban finalmente
al artista frente a su artesanía. El sometimiento
y el monopolio podían ser agobiantes pero las relaciones
nacidas del poder aceptado se traducían en enseñanza
y patronazgo.
Con la Revolución Industrial (R.I.) (desde 1850)
el hombre (mujeres, niñas y niños incluidos)
es sometido a la Máquina, implacable Moloc que
todo lo devora. Escribamos la fórmula y expliquemos
su significado.
H < M
Han desaparecido las relaciones humanas porque enmedio
se ha levantado el Instrumento convertido en Máquina,
en adelante la protagonista del trabajo. Patrono y trabajador
vienen a ser servidores de la M mayúscula, que
es ciega e insensible pero tiene sus razones industriales.
Tales razones son como la Mente que informa la Máquina
y la rodea de un entorno propicio, la S.A., Su Alteza
la Anónima, la sin rostro, hoy más limitada.
Tampoco tienen rostro los que trabajan para ella, que
pasan a tener sólo manos, con minúscula,
la mano de obra.
1910:
TAYLOR, campeón donde se ponga
Un joven
americano licenciado en Leyes, de firme vocación
por la técnica, se coloca de peón en la industria.
Mientras estudia ingeniería va pasando por todos
los puestos de trabajo. Al concluirla se crea para él
un departamento cuyo nombre será el de una nueva
disciplina: la O.C.T., la Organización Científica
del Trabajo.
Su misión consiste en racionalizar, economizar
el trabajo humano, que estaba por debajo de la racionalidad
de las máquinas. Diseña unas pautas operativas
de comportamiento que puedan estar a su altura.
H = M
Formuló Taylor un principio que traería
cola, hasta nuestros días: la división del
trabajo. Divide y ganarás. Unos deben pensar, otros
ejecutar y otros controlar. Cada operación, bien
aislada y repetida correctamente, podrá competir
con la de la máquina mejor pensada. El Descartes
del trabajo en la empresa. Operaciones claras y distintas,
series bien encadenadas, funciones paralelas.
El epígrafe alude al brioso "saber hacer"
de Taylor. Había estado observando a unos amigos
cómo jugaban al tenis. Les sugirió una forma
de tomar la raqueta y golpear la bola. Como les suele
suceder a los mirones, no le hicieron caso. Pero como
era un genio se puso a practicar y llegó a campeón
de tenis de los Estados Unidos. Es cuestión de
pensar un poco y ponerse.
1920:
Los médicos del trabajo
Taylor pensaba
en física. El hombre era una máquina, con
sus palancas y todo. Vinieron los de mantenimiento cuando
alguno se estropeó. Le pusieron el aceite que todo
lo arregla. Y el empleado mojó pan. Una máquina
bien extraña. Llamaron a un médico que dijo
esto es lo mío, le dio una aspirina y le puso una
tirita.
Desde entonces, enlazando con Taylor, al hombre se le
consideró una máquina especial. Sus músculos,
su dieta, su fatiga. Necesitaba oxígeno y luz para
trabajar. Una temperatura distinta a la que resistían
las máquinas de hierro. Para ser exactos, el hombre
no era una máquina. Con perdón, el trabajador
era un animal.
H = A
Los fisiólogos adaptaron las condiciones del
trabajo a las exigencias biológicas. Hasta descubrieron
que daban más leche si les ponías música
(esto creo que era con las vacas). Y en la medida que
interesaba la buena marcha de la fábrica, cuidaron
de la mano de obra. Relaciones que conmueven.
1930:
Las primeras R.H.
La depresión
del '29 no obstó a que siguieran los estudios de
las condiciones del trabajo. Ni quitó a los trabajadores
-a los que no eran despedidos- el sentido del humor. Elton
Mayo realizaba unas pruebas de rendimiento de la luz. Con
un reostato subían y bajaban la luminosidad del taller.
El grupo de empleados montaba unas piezas. Mientras menos
luz tenían, más deprisa trabajaban. Casi a
oscuras subía y subía el rendimiento. A uno
se le escapó la risa ante la estupefacción
de los controladores.
Le desbarataron al Sr. Mayo sus pruebas. Había
que cobrarlas. ¿Qué hacer? Como era listo,
se inventó las Relaciones Humanas en la Empresa.
Otra disciplina. Son como niños, explicó
a la dirección. Tienen su corazoncito. Es decir,
hay que tenerlos contentos, motivados. ¡Cómo
no se nos habrá ocurrido antes!
H = N
Hay que preguntarles lo que quieren. Miles y miles de
entrevistas. Los lavabos, la comida, los horarios, las
cuotas de rendimiento, la vivienda, qué podría
contarles. Como la depresión iba quedando atrás,
los buenos U.S.A. pusieron su empeño en poner todos
los parches que hicieran falta.
Los pioneros de las R.H. fueron más lejos. Les
preguntaron cuántos relés podrían
montar en una jornada. Y tuvieron que reducir la jornada
porque no sabían qué hacer con tantos relés.
Le ganaban al departamento de Organización y Métodos
cuando se ponían a inventar sistemas de montaje
más rápidos. Esto ocurría por los
años treinta.
Hubo acciones aún mejor pensadas por parte de
la dirección, como siempre. A la gente siempre
se le ocurría quejarse de los lavabos, aunque estuviesen
como los chorros del oro. Tenían poca imaginación.
Había que sorprenderles de vez en cuando. Cochazos
para todos, electrodomésticos para todas. Y cosas
más delicadas: ramos de flores a las parturientas,
felicitaciones personalizadas en Navidad y otras lindezas
así.
1945:
Con el Plan Marshall, a Europa
La guerra
dejó en ruinas a Europa. Y los americanos trajeron,
además de las bases, la leche en polvo y el queso,
otras cosas que no vimos los españoles. Los dólares
del Sr. Marshall, fábricas, técnicos y...
las R. H.
A los trabajadores europeos no les caían bien
las R.H. Preferían el queso a los ramos de flores,
una mejor paga a los Christmas de la dirección.
Y lo malo es que no había dinero para tanto capricho.
Estos niños europeos tenían los colmillos
crecidos, de tanta lectura. Un sindicato unido, jamás
será vencido, decían ya en Europa. Pues
que venga el Sindicato.
Y se presentó con la fuerza de un adulto. Se pactó
lo que había que arreglar, en plan duro, sin sentimentalismos.
Y les fue bien.
Como lo humano se entiende sonrisa y familiaridad, a
esta seriedad entre adultos había que llamarla
de otra forma. Son relaciones estrictamente laborales.
Y aparecieron las nuevas siglas, las R. L., que responden
a otro binomio donde S significa Sindicato.
H = S
1968:
La Revolución de Mayo
La gente
joven no había vivido la guerra, había visto
cine americano antinazi y había leído otras
cosas, de después de Marx. Lo de la libertad le parecía
bien pero veía demasiados bigotitos autoritarios
en sus mayores. Demasiadas normas, que nadie sabía
explicarles bien. Y en lo laboral, demasiadas consignas
del papá sindicato.
Prohibido prohibir, escribió uno en la pared de
todos. La imaginación al poder. La "i"
del individuo, bien sembrada, arraigada en el frío
de la sin guerra, aparecía en todo el mundo.
H = I
Pasó el tiempo del hombre-mulo y del pseudo-patrón,
las dos variantes del buen empleado, integrado en la empresa.
El hijo de la abundancia huye de la casa paterna, en busca
de sensaciones, se adorna con flores, dispuesto a realizarse
como persona. Si no se realiza, no juega, es decir, no
trabaja.
Las relaciones humanas lo habían visto venir y
habían propugnado las entrevistas, el enriquecimiento
de las tareas, la participación y todo eso, pero
se había preferido la elegancia del regalo. El
corsé de la O.C.T. no permitía hacer mucho
caso a lo descubierto con los relés en la T.I.
(Texas Instruments) o en la G.E. (General Electric). Tendrán
que venir del lejano oriente los magos que nos reconvenzan
de que todo aquello funcionaba.
1980:
La sonrisa oblicua de los círculos
Los orientales
tienen los ojos oblicuos para espiar y sonreír. Primero
nos copiaron. Ahora sonríen. Nos ponen los ojos redondos
de mudo asombro. Cuando se inicia la crisis de la energía,
se aprietan el cinturón de organizarse mejor. Y entre
otras cosas, se reúnen mañana y tarde, sin
dejar de trabajar.
En el pueblo ya existían los círculos.
Pero eran de estudio para los jóvenes y de holganza
para los mayores. Para las señoras, la mesa-camilla,
para charlar mientras cosían. Los nipones inventan
círculos para pensar en el trabajo. Las R. R.,
relaciones redondas, que producen calidad y rompen las
líneas alargadas y paralelas de la O.C.T. La O
y la C, la curva vence a la recta T del trabajo de Taylor,
como en los espacios de Einstein, por no hablar aquí
de otras cosas.
H = C
Los círculos no tienen principio ni fin. Todos
los puntos soportan a los demás. Lo contrario de
una pirámide, en la que las piedras de arriba pesan
sobre las de abajo, por bonito que resulte. El círculo
es el equipo responsable, en el que sus miembros giran
sus competencias, intercambian los papeles, buscando un
centro común a sus intereses. La E del equipo.
Siento que suene demagógico y facilón.
En el codo a codo del círculo y del equipo, se
ve aparecer la cara de sonrisa de pan de kilo redondo
de pueblo: un sol naciente, rebotado de las universidades
americanas, las erre que erre de los que nos hablan del
tlabajo lesponsablemente compaltido. Da miedo poner el
último binomio, el mediterráneo descubierto,
quizás el dorado inaccesible de las dos haches
transparentes.
H = H
Invisibles, quizás, porque ya se anuncia que el
trabajo lo harán los robots y que desde casa teclearemos
unas horas en un terminal de una empresa que no conoceremos.
Un gran ordenador tomará nuestro trabajo, lo unirá
al de compañeros desconocidos y nos remitirá
un salario electrónico que iremos gastando con
una tarjeta de plástico en un dispensador/cobrador
de metal. Para ese momento habrá que encontrar
un sustitutivo a esas relaciones humanas, duras y entrañables,
tragicómicas, que venimos disputando.
BREVE
HISTORIA DE LAS RELACIONES LABORALES (resumen)
1850. Revolución
industrial (Relaciones Inhumanas)
El ser humano (mujeres, niños) es inferior a la máquina.
(H menor que M)
Explotación de un naciente proletariado.
1910. La Organización Científica del Trabajo.
Taylor.
El ser humano es igual a la máquina. (H = M)
La división del trabajo: unos piensan y otros ejecutan.
1920. Los fisiologistas estudian las condiciones óptimas
del trabajo.
El ser humano es un animal, no una máquina. Requiere
descansos, iluminación, temperatura, etc. (H =
A)
1930. Nacen las relaciones humanas. (Howthorne, USA.
Elton Mayo) El ser humano es como un niño. No sabe
lo que quiere (entrevistas) pero reacciona bien a los
estímulos humanos. (H = N)
1945. Vienen a Europa las Relaciones Humanas con el plan
Marshall. Fracaso, por condiciones económicas insuficientes
y por sindicatos ideológicos.
Se crean las Relaciones Laborales. El ser humano es igual
a su agrupación sindical. Pactos sociales. (H=S)
1968. Revolución de Mayo. "Prohibido prohibir".
"La imaginación al poder".
El ser humano es el individuo (H = I). Pasotismo. Participación
del veto.
Proletarización de profesionales.
1976. En España redescubrimiento sindical. Marejada.
Paro juvenil y jubilaciones anticipadas. Recuperación
con los ojos en el 93. (H = ?)
1980. Círculos de calidad japoneses reexportados
a Occidente. (H = C)
Soluciones actuales
Organizar el trabajo a escala humana, como solución
técnica (H = H).
Cada persona planifica, asiste y controla la robotización
creciente.
Participación social y ecológica más
amplia. Profesionalización, equipos y ocio.