"Nos movemos en un entramado de palabras, palabras, palabras, de las cuales ni siquiera podemos conocer su significado exacto, puesto que no lo tienen." Pág.20
No sabemos "si las palabras pueden definirse (...) Si podemos entendernos o sólo adivinarnos".
"Un diccionario puede entenderse como un discurso psicocultural" (*)
La Lexicografía y la Ciencia intentan reducir el significado de una palabra a una definición que pueda ser común.
"Los conceptos vividos mancomunados son consecuencia de un pacto semántico que es difícil saber cómo se consolida. Al igual que las modas, unas palabras triunfan y otras fracasan".
Los signos son estímulos artificiales para comunicar una realidad percibida. Sustituyen, con sonidos o gestos, el mugido o rugido, la corpulencia, los cuernos o las fauces abiertas, la huella o el pelaje, del animal oído o avistado. Estos signos hicieron posible, según JAM,
Desde la infancia, antes de hablar nada, captamos los significados, identificamos las cosas, las diferenciamos. Después, con ayuda de los demás, aprendemos sus nombres. Con palabras oídas a otros distinguimos y conocemos nuevas realidades.
Y a nosotros mismos, a veces, llegan cosas nuevas (ideas, objetos, valores, leyes de la naturaleza, etc.) a las que damos forma, una nueva consistencia, inventando para ellas palabras, giros o expresiones con que podemos transmitirlas a los demás. Nos sentimos orgullosos porque algo hemos creado.
Con nombres desgajados de la realidad que representan, aplicados de forma imaginativa a otras cosas, conseguimos crear la irrealidad, una ficción (la comparación y las metáforas) que sirve para ilustrar otra realidad. Al decir "el mar se pone su traje de faena", ejemplo de Marina, ofrecemos al lector un mar cansino, que repite el ir y venir de su oleaje sin una especial bravura ni belleza. El traje de faena aplicado al mar, una irrealidad, nos ayuda a conocer cómo veía el escritor, en ese momento, el estado de la mar.
Pero, además, con el lenguaje "inventamos verdades". Enunciamos una proposición, que sólo es una intuición, una hipótesis de trabajo, una posibilidad. Luego buscamos en la realidad su confirmación. "Gestando y gestionando la irrealidad inventamos posibilidades, inventamos verdades".
"Pero deja resquicios" para distinguirse, personalizar, ser creativos, adoptar un habla personal y un estilo propio de escribir.
"La tensión entre homogeneidad y heterogeneidad me anima a introducir el concepto de tolerancia semántica". (JAM.)
"La palabra es signo de un saber plegado", guardado en la memoria del hablante. La experiencia diferente hace que ese saber plegado contenga distintos "conceptos vividos" que reviven y se despliegan, se pueden explicar, en el hablar de cada uno.
No eres lo que comes. Eres lo que hablas. Eres lo que te hace hablar. ¿Lo recibido de la sociedad? "¿Pero quién demonios habla?" es el título del capítulo IV del libro. Sobre el debate de si es la sociedad (posición afín al marxismo), postura extrema que destruiría la autonomía pensante, creativa,del individuo. Pero es cierto que de lo que abunda en el corazón habla la boca, según la sabiduría evangélica.
Duo si idem dicunt, non est idem. Cuando dos dicen lo mismo, no es lo mismo. Cita muy anterior a la inspirada y docta canción de Alejandro Sanz.
"Porque somos iguales nos entendemos, porque somos distintos nos malinterpretamos" (pág.33).
Nuevas palabras cuando ya existen otras cuyos matices no debemos olvidar. Enriquecernos, como diría don Fernando, pero no confundirlo todo y empobrecer el cerebro. Eso, no.
Lo de las nuevas palabras sucedió siempre. En la pág.62 JAM compone una lista de diez palabras equivalentes a tristeza, con su fecha de aparición (¡!).
Lo que vemos lo comentamos interiormente y le damos el sesgo admirativo, poético-sentimental, irónico, displicente... Vemos en bloque, de una vez. Y las palabras, que son sucesivas, despiezan y analizan, repiten, contaminan y juzgan con otros discursos ya experimentados.
El cruce indebido de experiencias contradictorias o lacerantes se interioriza en un lenguaje interior perturbador. La cura psicoanalítica por medio de la palabra es deshacer ese mal que se introduce y ha de sanarse por la magia de la palabra. Hay que decirlo en voz alta, sacar fuera el pensamiento que enferma.
La confesión en pueblos primitivos del Canadá y de África occidental, la confesión de los católicos, está en esa línea liberadora. Otras curas pretenden sanar mediante el olvido, quitarle importancia y no repetir la situación y los sentimientos. Porque más de una vez el pretendido desahogo, sin el debido protocolo, (lo cuento y comento para echarlo fuera) revive y agranda el sentimiento y la perturbación que se intentaba eliminar.