El éxito personal y profesional
depende de la forma de organizarnos y relacionarnos con
los demás.
Nuestra forma de organizarnos y relacionarnos
depende de nuestra forma de pensar.
Podemos aprender a pensar mejor.
Por tanto, creemos que la formación puede hacernos
más inteligentes para ver y solucionar problemas;
más hábiles en la forma de comunicarnos;
y llevarnos al éxito en nuestros cometidos personales
y profesionales.
Pensar, leer, reunirnos,
hablar, discutir y organizarnos, resulta tan elemental que
se suele dar por sabido.
Podemos mejorar fácilmente, pero hay que proponérserlo
y aplicar algunas fórmulas.
Sobre
el aprendizaje intensivo
El reto de la adaptación
del saber al aprendizaje intensivo
Convertir el saber
humano en técnicas de fácil aplicación,
enseñarlas en unas horas y pretender que sirva ya
de entrenamiento, es la pirueta imposible que las empresas
piden a los formadores.
Aunque no haya nada más práctico
que una buena teoría, se recela de los conocimientos
librescos y de la conferencia magistral. Se piden fórmulas
prácticas.
Para adaptarnos al mercado venimos
creando fórmulas rápidas de aprendizaje.
Al principio, a regañadientes.
Nos parecía poco serio que una
semana se considerase mucho tiempo para aprender a negociar,
escribir o hablar en público. Después nos
constreñimos a tres días, 24 horas. A veces,
menos, porque el Cliente manda lo suyo. Y, curiosamente,
funciona.
Resulta increíble que haya fórmulas
válidas para aprender en tan poco tiempo las cosas
más elementales y difíciles.
Es preciso un ambiente adecuado para que las fórmulas
rápidas sean operativas. Ese ambiente de trabajo
lo describimos en La forma de formar.
Nuestra
forma de pensar incluye una actitud básica:
la defensa de la lengua en la que uno se expresa y comunica.
Como pórtico de nuestras comunicaciones vía
postal durante estos 20 años hemos utilizado textos
de pensadores y escritores. Las reproducimos ahora
con cierta emoción, por atrevernos a tomar sus
palabras como nuestras. Lo son en cuanto nos guían
y estimulan.