1.
Definición a partir del nombre. En busca de los elementos
esenciales.
Ante todo veamos qué significan los
dos adjetivos que califican la clase que vamos a estudiar.
Como su mismo nombre indica, por "activa" entendemos
la que se opone a pasiva por parte de los alumnos. En
la clase activa los asistentes trabajan, al menos mentalmente.
Decir "participativa" añade que intervienen
en el curso de la clase con aportaciones significativas,
fruto de esa actividad mental. Nuestros alumnos se llaman
participantes en todos los programas.
En lo que suele llamarse clase
activa participativa entran elementos esenciales y accidentales.
Si queremos aclarar las ideas y mejorar la clase activa
participativa, convendrá distinguir unos y otros elementos.
Tomen nota: lo esencial a una
cosa es aquello que "puesto" pone la cosa y
"quitado" nos la quita. Lo accidental, lo que
puede o no acompañar a lo que decimos esencial.
El método que seguiremos para
determinar lo esencial de la clase activa consistirá en
ir excluyendo lo que a veces la acompaña y a veces no.
2.
¿Los audiovisuales?
No se da clase activa simplemente porque se incluyan
audiovisuales. Haylos pasivos y activos. Una película
o una colección de diapositivas tienen el valor de enseñar
la realidad a través del proyector, pueden crearse de
forma que los alumnos trabajen y participen, pero también
pueden contemplarse en forma pasiva. El audiovisual, por
el hecho de serlo, no garantiza la clase activa. Más bien
invita a situarse en forma pasiva. Luego no son esenciales
a la clase activa participativa.
Un profesor puede sacar partido a un mal audiovisual,
haciendo intervenir a los alumnos antes, durante y después
de la audiovisión. En este caso el mérito reside en lo
que hace hacer el profesor, no en el audiovisual.
El audiovisual más activo seria el filmado en la misma
clase, en directo, con los participantes como protagonistas.
Apurando las cosas, ni siquiera por la grabación-revisión
con vídeo la clase se hace activa: la cámara ha de encontrar
ya una clase activa participativa. De otro modo podríamos
recoger los bostezos de los asistentes. Quizás entonces,
la reflexión sobre los bostezos iniciaría una clase participativa.
3.
¿Que todos hablen?
A veces pensamos que se trabaja participativamente cuando
todos hablan. El silencio de los asistentes, la voz en
solitario del profesor, se identifica no pocas veces con
la pasividad e inhibición de los asistentes.
Sin embargo, hemos comprobado que una clase convencional,
de explicación a cargo del profesor, se convierte en clase
activa cuando el tema interesa vivamente a los asistentes.
Los ves participar con una escucha atenta, reveladora
de que tu discurrir provoca un discurso interno en cada
una de las cabezas. Influyen en ti, te llevan a detenerte
o ampliarte, con sola su expresión corporal.
¿Por que no va a ser activa participativa una clase en
la que todos contribuyen con una escucha viva e interesada?
El momento de máxima actividad mental y de máxima interrelación
coincide a veces con una pausa o un silencio que puede
oírse.
El caso contrario, -todos hablan pero nadie piensa ni
atiende-, también puede darse.
4.
¿Las preguntas?
Pensamos, entonces, que la clase activa consiste en un
pensamiento común: uno pregunta y otro responde. Y se
nos ocurre que el mejor camino es el de hacerles pensar
con nuestras preguntas...
La pregunta se ha usado con acierto en la historia. La
pregunta/respuesta nos recuerda a Sócrates, el catecismo,
el interrogatorio de los testigos, las entrevistas periodísticas
y los maestros más dinámicos que pudimos tener.
Pero tampoco se hace participativa una clase con preguntas
continuas del profesor a los participantes. La pregunta
fuerza a pensar, pone al adulto preguntado en situación
embarazosa, por aquello de la mayéutica. Aun los niños,
que son más humildes, se esconden cuando el profesor mira
a quién preguntar. No nos importaría que viniese Sócrates
en persona a preguntarnos. Pero no se nos dará esa oportunidad,
ya que habría demasiada gente.
Las preguntas de los alumnos al profesor parecen más
naturales: proceden del interés de salir de la ignorancia
o del interés de decir lo que se sabe. No es nada fácil
provocar, ni cortar, una y otra situación.
Y tiene un inconveniente: los preguntones se quedan solos,
ya que los demás no se implican en respuestas dadas a
tanta curiosidad ajena. En la clase se instaura un grupo
activo, el que pregunta, mientras los demás esperan a
que se avise la reanudación de los temas de interés general.
En el colegio se produce una guerra de preguntas. El
empollón pregunta y pregunta, azuzado por los demás, para
que el profesor no tenga tiempo de preguntar. En nuestros
Seminarios no debe pasar eso.
5.
¿Cena y puntos?
Efectivamente, pensamos, la pregunta directa individualiza
demasiado. Convendrá desafiarles a todos en conjunto,
por un sistema retributivo que les haga trabajar. Ponerlos
a competir, a ganarse la vida. Echarles deberes, corregirlos
y ponerles una nota, que es como un salario. Darles un
premio a los romanos y colocarles unas orejotas de burro
a los cartagineses. Promocionar al que aprovecha y que
pague la formación el que suspenda. Un bote, gracias,
para cenar fraternalmente, y contar chistes.
Sin profundizar en la Ética de los premios y castigos,
el activar una clase con tales habilidades resulta penoso
a muchos formadores, que somos tímidos a la hora de exigir
una cena a costa y a escote de los que pierden. No nos
gusta andar comprando con caramelos ni cenas gratis la
atención participativa de los que ganan.
La competencia se provoca sola ante dos grupos que realizan
el mismo trabajo, sin necesidad de otros estímulos. Hagamos
grupos y echémosles, con toda inocencia, a trabajar. Verás
cómo participan y espían cómo funciona el otro grupo.
Pero si el trabajo propuesto no agrada a sus majestades,
si no les interesa, pueden competir en hacértelo ver o
armar la juerga entre ellos, sin salirse del juego propuesto,
pero sin entrar de verdad en el estudio del tema. Hasta
los grupos más serios hacen trampas para ganar. Resulta
divertido, pero tampoco es eso.
6.
En qué consiste la actividad
Pues si no son la esencia los audiovisuales, ni el que
hablen, ni las preguntas, ni la imposición de deberes
retribuidos, ni la limpia competencia, ¿en que consiste
la clase activa participativa?
En que se pongan en marcha todos los cerebros,
a discurrir en busca de lo mismo, mientras se comunican
pesquisas y resultados. Hablan unos más que otros, pero
trenzando siempre un pensamiento de trabajo. No siempre
irán acuerdo, pues conviene que se dé el contraste creativo
de lo divergente, pero que apunten al mismo objetivo:
saciar una curiosidad, resolver un problema.
Ponerse en marcha de forma conjunta, motivados por el
tema, desde dentro, por curiosidad o interés autónomos
y coincidentes. Lo que decimos al hablar de la motivación
en el trabajo, aprendido de Herzberg y Maslow.
Se han dicho ya bastantes cosas que parecen ser las esenciales:
todos piensan y se comunican
en busca de una verdad o solución
movidos por un interés que brota del tema.
De
esta definición hemos ido separando lo que puede estar o
faltar, como son los medios concretos para conseguir una
clase activa. Sólo ha quedado lo esencial:
la causa motriz: el interés despertado
por el tema
la causa instrumental: búsqueda y descubrimiento personal
y compartido
La
clase activa participativa coincide con otras acciones formativas
en la causa final u objetivo, el aprendizaje.
7.
Cómo conseguir una clase activa participativa. Qué
hace el profesor:
Ahora se trata de ver que medios despertarán esa búsqueda-encuentro
en común. La misión del monitor de una clase activa participativa
consistirá en provocar ese dinamismo a la vez autónomo
y solidario.
¿Qué hará el profesor en la clase activa participativa?
* Proponer el tema de forma estimulante y adaptada.
Les cuenta una historia que los tenga embelesados y despierte
el interés de resolver un problema entre todos. Para hacer
más viva la historia, los participantes la simulan, para
sentirla como si fuera verdad. O les pone unas diapositivas
que despiertan similar interés. O les proyecta una película
que tenga relación con el tema. O les echa un discurso.
* El medio que utilice no importa, es accidental.
Lo esencial es que despierte el interés, las ganas de
hablar, hacer preguntas, competir, resolver el problema.
Sin ponernos maquiavélicos, el fin selecciona los medios.
* Aceptar o sugerir el método de búsqueda.
* Moderar las intervenciones, controlar el tiempo, si
es preciso.
* Completar el pensamiento común con la información y
sistematización que fuesen necesarias.
Lo demás lo hacen los participantes: piensan, viven,
descubren y se descubren en el vídeo.
8.
Y aprenden
Se
aprende cuando lo que se descubre fue deseado y buscado
Se
aprende cuando nos sorprendemos, admiramos y sonreímos
Se
aprende cuando reconocemos algo que ya sabíamos
de toda la vida
Se
aprende cuando lo aprendido sirve para quitarle la razón
a otro
Se
aprende cuando aquello es tan fácil que no requiere
apuntes
Se
aprende cuando se sabe que uno sirve para eso y lo dicen
todos
Se
aprende cuando uno dice esto me va bien y tiene ganas
de probarlo
Se
aprende cuando se avanza en conocerse y se quiere ser
todo lo que se es