Viernes, 19 de marzo de 2004
Jóvenes acríticos Jósé Manuel FERNÁNDEZ PÁRAMO
Tienen sentido de la crítica pero no es una crítica con sentido. La crítica es un medio de elucidar la verdad objetiva de una afirmación, de una emergencia, de un suceso; mediante ella se descubre la ley de la situación, su encaje en el conjunto de las situaciones. Si carecemos de sentido de la complejidad, sin finura de la inteligencia, sin espíritu sutil, no podemos distinguir los árboles del bosque, no podemos valorar la realidad en que nos alojamos, ni asumir sus consecuencias. (...)
Los jóvenes poseen un léxico muy reducido hoy. No así en otras generaciones o en los minoritarios que buscan la excelencia. ¿Es que los jóvenes carecen de juicio y no son capaces de formular una expresión sin la cual no hay derecho a la libre expresión? Una embarullada repetición de tópicos filosóficos, económicos o políticos no pueden formularse como una opinión, sin palabras. El funcionamiento de la inteligencia se realiza en el laboratorio cerebral de las palabras. Ante las frases restallantes, agudas, destructivas, los jóvenes no críticos están sin defensa. Pero esas palabras se oyen en una situación que interpreta su rebeldía y los conducen a decisiones de apoyar a quienes poseen el arte oratorio de los sofistas.
Los zagales y zagalas sin auténtica capacidad crítica viven en constante riesgo de ser manipulados en todos los terrenos. En el plano personal e íntimo de las creencias no cernidas que les afectan seriamente, respecto el bien y el mal, el amor y el desamor, la amistad y la enemistad, la belleza y la fealdad, lo verdadero y lo falso, lo noble y lo innoble. En todo ello influyen los amigos de su edad, más que nadie y con un absurdo sentido de la lealtad.
Aparte de las transferencias amicales, las externas, el aula, los profesores, los buenos escritores, la prensa, la radio, la TV, internet, el aire ametrallea (bombardea) con bondad o con perversión, su ser..., el "stablishment" seduce compradores, votantes, sanos y enfermos, mentes acríticas tranquilas, ociosas masas y ellas, las mismas masas acceden al poder, al empresariado. El ocio con su oferta hedonística, los deportes pasivos, la contemplación del mar y la montaña distraen a quienes pagan. Pocos se hacen a sí mismos.
Llevar el propio timón exige identidad, referencias y mentes ágiles y fuertes para ser ellos mismos; reclaman ideales, ilusión que energice hacia la plenitud. Ser dueño de sí, ejercitar la voluntad, abastecerse de palabras y saberes, practicar la memoria y la estrategia construye toda la felicidad posible. La mercancía de la belleza ética está manejada. Ser críticos, independientes, es fundamental. A veces, resulta menester cambiar las compañías, afilar todos los dones y ponerlos en juego, para ser uno mismo. Asumir todo lo malo que no se puede cambiar. Amar sinceramente a los otros.
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